FRASES DE PAZ Y PERDÓN

Uno de los compromisos adquiridos por la Fundación para el fomento de la lectura –FUNDALECTURA-, en desarrollo del programa Palabras Justas en la vigencia 2016, fue la realización de 11 pendones con frases alusivas a los procesos de perdón, paz y resarcimiento, escritas por los internos participantes.

Las frases fueron seleccionadas de los escritos y participaciones realizadas por los internos del programa. Estos pendones fueron compartidos con los asistentes del lanzamiento del programa en diciembre del año 2016 y serán enviados a los centros beneficiados con el programa.

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LANZAMIENTO PALABRAS JUSTAS III

El pasado primero de diciembre, se llevó a cabo el lanzamiento del libro Palabras Justas III, que reúne textos seleccionados de los participantes en el programa Palabras Justas en la vigencia 2016. En el marco del evento, internos postulados a la Ley de Justicia y Paz, hicieron lectura de algunos relatos publicados en el libro.

Al finalizar la lectura, los internos tuvieron la oportunidad de pedir perdón público a dos representantes de las víctimas del conflicto armado que se hicieron presentes. El evento confirmó una vez más el poder que tienen la narrativa y la palabra como medio para buscar perdón y resarcimiento.

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El lanzamiento del libro contó con la presencia de representantes del Inpec, Fundalectura, el Ministerio de Justicia y delegados de diferentes instituciones que participan de manera articulada en el proceso de preparación de los postulados para su regreso a la sociedad.

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Mujer.

Alba Luz Cifuentes.

Mujer virtuosa que aunque en la cárcel, siempre luchas, no te dejas derrumbar y aunque haya días difíciles, siempre te llenas de valor, porque su meta y fe es que ese día tan anhelado llegará. Cada día que amanece, a veces, llena de alegría, pero es duro y triste cuando los problemas llegan, tu rostro cambia, tus ojos llenos de lágrimas indignadas se sienten impotentes al saber que poco pueden hacer; cada una lucha por sus bebés no les importa los trasnochos que tengan que pasar por el esfuerzo de sus trabajos.

La cárcel es un sitio duro, difícil y lleno de personas culpables o inocentes, pero cada quien lucha por sus sueños.

Mujer, eres un ser maravilloso que aunque privada de su libertad, aunque las rejas y los candados te opriman y tu corazón te entristezca, siempre vas adelante, a pesar de tu vida como excombatiente, llevas tu rostro levantado. Te violaron tus derechos, te maltrataron, te discriminaron, te humillaron, algunas te quitaron el derecho de ser mamá, y hoy en esta cárcel privada de su libertad, pero con todo esto vivido, hoy por hoy, tienes un sueño que pronto cada una obtendrá y es su libertad, tras reconocer los errores cometidos y volver a integrarte, en paz a la sociedad.

Mujer, no dejes de luchar, de soñar, de esforzarte por lo que quieres, no dejes que nadie te apague.

Felicitaciones para ti, mujer.

Es difícil pero no imposible

Adriana María López Flores.

Cuántas veces me lo he preguntado.

¿Serán más los momentos felices que tristes?

Pero no he podido darle respuesta a tan grande pregunta, será por ser tan inexplicables los momentos que han hecho parte de este camino, que yo por  ingenuidad quise tomar sin tener en cuenta las consecuencias que hoy me trajeron a éste lugar, tantos recuerdos que hoy me acompañan, de los que quisiera tener otras imágenes diferentes a tanta sangre y dolor, donde solamente las personas que no tenían nada que ver con éste mundo que se llama guerra, son las que tuvieron que pagar los resultados de un desenlace que hasta el día de hoy no ha arrojado nada bueno, con que podamos curar esas heridas que duelen en el corazón de todas aquellas aves a las que les cortaron sus alas limitándolas a girar al interior de un túnel oscuro, donde no había ninguna salida.

Las esperanzas cada vez se desvanecían más para aquellas aves que están en medio de ésta guerra como para las que nos encontrábamos en el grueso de ella.

Cuántas lágrimas corrieron por mis mejillas, escondidas en la oscuridad al ver que se perdía el amor por la vida, por los días que transcurrían y las oportunidades de cambiar de historia.

Una historia que nos marcó física y moralmente ya que las heridas que más duelen son las que marcan nuestro interior porque sin el perdón de Dios y de las personas que les causamos daño, es muy difícil de borrarlas sin que queden secuelas de cicatrices en el alma. Quizás es más difícil que haber podido escapar de ese túnel oscuro y no volar más al interior de él, sino volar detrás de nuevas oportunidades donde pise otro camino diferente logrando sobrevivir sin tener que hacerle daño a nadie.

Cada uno de nosotros tenemos que pagar las consecuencias de nuestros actos y esto es lo que yo estoy pagando, pero lo estoy haciendo con una mente y un corazón arrepentido, que en todo este tiempo, solo se ha dedicado a pedir que lo perdonen porque es consciente que cometió muchos errores al atentar contra la vida de otros.

Es hermoso contar con una nueva oportunidad donde me encuentro privada de mi libertad física pero no espiritual ya que aprendí a amarme a mí misma y a las personas que me rodean.

Han ido transcurriendo los años y he ido recuperando lo que ya creía que no existía, mi madre, mis hermanos y algunos amigos, no personalmente pero si por medio de una llamada, que, en este lugar, es muy valiosa y alegra mi vida. Una vida que me ha cambiado totalmente, cuando conocí en la cárcel de Chiquinquirá aquel hombre de contextura gruesa que mide 1.67, de piel morena, que le quedan muy bien esos ojos color miel.

Es muy importante haberme dado cuenta que por primera vez y estando privada de mi libertad, me sentí una mujer amada y protegida, sin que me pidieran nada a cambio ya que lo único que esperaba el de mí, era que le correspondiera ese amor que cada día me ofrecía con sinceridad y eso fue lo que él recibió de mí, sólo amor.

Unimos nuestras vidas bajo la bendición de Dios, fue una celebración muy bonita ya que el pastor que nos unió en matrimonio, organizó a todos los hermanos de la iglesia haciendo una calle, levantando cada uno de ellos su biblia,  mi esposo y yo cruzamos cogidos de la mano esa calle, donde al final nos encontramos con sus tres hijos que nos estaban esperando muy felices ya que yo siempre he podido contar con el apoyo de ellos, porque les he demostrado que el amor que yo siento por su padre es puro y verdadero. No fue para ellos difícil aceptarme como parte de su familia, ya que por circunstancias de la vida, la madre de ellos también tenía su esposo, era un camino que se había roto entre ellos dos, pero permanecía unido por esas raíces que se llamaban hijos.

Se realizó la boda, todos reían y disfrutaban, de la comida, la torta y la gaseosa. Mientras que yo disfrutaba de ese amor que siento por el que hoy es mi esposo y de los que hoy también se convirtieron en mis hijos; también de la compañía de algunos compañeros que había conocido desde que teníamos 16 años cuando estábamos en la guerrilla. Fueron varias las lágrimas que ese gran día me robó y muchos sentimientos encontrados; me sentí feliz cuando mis ojos observaban a los que creí que nunca volvería a ver.

Se acabó la ceremonia, despedimos a nuestros familiares y compañeros, los dos estábamos unidos bajo la bendición de Dios. Nos seguíamos viendo todos los días, nos graduamos y seguíamos asistiendo a la asamblea de Dios hasta que a finales de 2012, me empecé a sentir diferente, con náuseas, dolor de cabeza y muchas ganas de llorar. Pues sí, ya no éramos dos sino tres.

Fue una noticia maravillosa para los dos ya que lo deseábamos desde lo más profundo de nuestros corazones, porque siempre decíamos que estar tras estas rejas, que pronto se abrirán, no nos quitaría la ilusión de que naciera nuestro hijo.

Él siempre me traía ricas comidas preparadas por él mismo ya que trabajaba en el rancho y todos mis antojos me los calmó.

En el mes de julio del año 2013, cuando ya tenía 7 meses me trasladaron hacia el Buen Pastor en Bogotá y nació nuestro hijo el 8 de septiembre del año 2013, a las 7:59 de la noche en el hospital de Engativá. Me hicieron cesárea porque no pude dilatar bien, ese día fue el más feliz de mi vida porque pude ver y escuchar llorar a mi hijo por primera vez. El médico que lo recibió me dijo que era un hermoso hombrecito y que estaba completo, pero para mí no fue suficiente, supliqué para poderlo ver inmediatamente en la sala de cirugía, a mí me habían dicho que los niños los cambiaban y es por ese motivo que lo quise ver para grabar su figura, ese es el momento más bonito que puede tener una mujer, cuando ama a sus hijos, verlos por primera vez.

Por un momento me acompañó el recuerdo de una orden que perduró conmigo 10 largos años, cuando estuve en la guerrilla, ya que era prohibido estar embarazada, porque nos arrancaban a nuestros hijos del vientre, sin preguntar si estábamos de acuerdo. Pero en el momento me dije a mí misma, es el día más feliz de mi vida porque estaba segura que a mí hijo nadie me lo iba a quitar. A las 10 p.m. lo pude cargar, darle pecho y estrecharlo entre mis brazos.  El dolor desapareció, lo besaba, lo abrazaba y quería que se pasaran los días para llegar al Buen Pastor ya que me iba en domiciliaria por 6 meses.

Me fui en domiciliaria y mi esposo nos visitaba cada dos meses.  Transcurrió el tiempo y mi Santiago todos los días, más hermoso y saludable.

Se cumplió el tiempo y me presenté de mi domiciliaria en Chiquinquirá. Ahí estaba mi esposo dándome fuerzas.  Fue muy duro tener que dejar a mi hijo tan pequeño, sentí que mi corazón se partía en pedazos, como si me hubieran arrancado el alma.  Mis lágrimas no paraban yo ya no veía sus risas, ni escuchaba su llanto. Esa figurita que tenía de él me estaba llamando.

No me recibieron en la cárcel de Chiquinquirá y me regresé al lado de mi hijo, por dos días, nunca salió de mi mente que lo tenía que dejar. A los dos días me presenté en el Buen Pastor de Bogotá, acompañada por Nelly, la que se convirtió en mi hija. Al llegar acá, me encontré con una compañera que se convirtió en mi ángel de la guarda, con sus palabras y consejos empezamos a escribir y a tocar puertas para conseguir un cupo para mi hijo acá y que él estuviera conmigo hasta los 3 años.

Después de una gran lucha, me dieron el cupo a los 15 días. Siempre voy a estar agradecida, con Diana, así se llama quién me ayudó a luchar para que el día de hoy pueda estar escribiendo ésta historia, que por tres años se ha convertido en los momentos más felices de mi vida.

Ese día a las 11 de la mañana, me llamaron, me abrieron la reja, crucé al pasillo y me abrieron otra reja, recuerdo como si fuera hoy esa puerta, que incontables veces se abre y se cierra…La puerta que, ese día, me acercaba cada vez más a mi hijo, porque yo sabía que al momento que la abrieran, lo primero que iba a ver era ese ser inocente que al verme me reconocería, a mí, su madre.

Mis piernas me temblaban, no podía ni hablar, sentí que nunca más nos íbamos a separar. La misteriosa puerta se abrió y me recibiste con una sonrisa, tus ojos expresivos, negros y rasgados, brillaron más que de costumbre, estiraste tus brazos para que te alzara y no sabes con cuánto amor lo hice. Tu hermana se fue llorando y desde ese día se convirtió en tu tutora.  Yo te miraba y no lo creía, te tenía entre mis brazos, no recuerdo cuántas veces te dije que te amo. Todas las señoras te miraban y se les escuchaba decir “qué bebé tan hermoso” y tú les respondías con una sonrisa.

Ingresamos al patio, te llevé a la cama, organicé tu ropa y alimentos y empezaste a conocer el lugar, ya tenías 6 meses, gateabas de un lugar a otro, siempre buscándome para consentirme; pronunciabas algunas palabras papá, mamá; empezaste a ir al jardín, por días salías con tu hermana a pasear y encontrarte con tu papá.

Cuando cumpliste un año, caminaste por primera vez, me acompañabas para dónde yo me moviera, eras mi sombra, empezaron a multiplicarse cada vez más tus caricias, besos y abrazos, acompañados de frases que repetías en las noches cuando yo entre dormida, sentía que tu mano rozaba mi cara con esa ternura y tu boca pronunciaba ¡mamá te amo!

Cómo han pasado de rápido estos tres años que se convirtieron en los más importantes para mí. Porque hoy me he dado cuenta que tu corazón late por mí, por todos los momentos que hemos vivido, donde tú siempre te sientes protegido por mí, pero hoy que estás a punto de cumplir tus tres años de vida y que te tengo que dejar ir, me pregunto ¿será que te acordarás de mí por ser tu madre o por todos los momentos que tú me regalaste? Te prometo que los tendré guardados en mi mente, mi corazón y mi alma, nunca hablé de ésta día, pero era mi gran temor. Te tengo que dejar ir porque no te puedo tener más conmigo ya que el compromiso que hice cuando te traje a este lugar, era tenerte los tres años.  Hoy se ha cumplido ese tiempo y nuevamente vuelvo a sentir lo mismo cuando nos separamos por primera vez.

No tengo calma, siento que mis ojos no se quieren cerrar para que no transcurran los días. Este dolor que hay en mi interior cada minuto que pasa, aumenta más, mis lágrimas no quieren parar, es desesperante saber que tienes tu felicidad y de un momento a otro la tienes que dejar ir.  Porque las consecuencias de tus actos en el pasado te obligan a desprenderte de los que más amas.

Pero no puedo ser egoísta, yo sé que vas a estar bien con tus abuelos, no te faltará amor porque yo te lo transmitiré, aunque esa puerta que ha sido nuestro sitio de salida y de regreso, muy pronto se abrirá para que tú ya no puedas regresar y nos obliguen a estar separados. Yo siempre te acompañaré desde acá, demostrándote éste gran amor, que con tu ausencia, cada día que pase, se aumentará más.

¡Te amo! Y pronto estaré contigo, hijo.

Vida campesina.

Por Wilmer De Jesús Rodríguez Vanegas

ESTABLECIMIENTO COMEB

Nací en la hermosa región de “La Mojana”, ubicada en la costa norte de Colombia, en un extenso valle de clima caliente. Corren por ahí las aguas turbias y caudalosas de los ríos: San Jorge, Cauca y Magdalena, razón por la cual existen muchas ciénagas, caños y zapales que la convierten en una región muy rica en recursos naturales y biodiversidad.

La ganadería, la agricultura y la pesca son los tres principales pilares que mueven la economía; sus paisajes expresan tranquilidad y belleza pura, el aire que se respira es limpio y agradable. La gente es maravillosa, se trata de campesinos humildes y trabajadores que no se martirizan la vida para nada, a pesar de las adversidades, son personas muy cariñosas, amantes de las riñas de gallos, de las corralejas taurinas, de las carreras de caballos, les gusta bailar fandango y vallenato, siempre viven alegres. Las mujeres son hermosas y trabajadoras.

Crecí en un ambiente de pobreza y violencia armada, casi nunca había ni para la comida. A diario veía flotar cuerpos sin vida, aguas abajo por el río, nadie se sorprendía, ni se preocupaba al verlos, todo eso parecía normal.

Mi padre es un campesino honesto -afortunadamente vive-. Es una persona a quien quiero mucho y agradezco todo lo que ha hecho para sacarme a mí y a mis hermanos adelante. Es cariñoso y de carácter sencillo. Es alto y robusto. Le gusta vestir bien, es buen amigo, la avanzada edad no le impide salir a divertirse bailando y tomándose sus tragos con los amigos. Siempre ha sido responsable con el hogar y la familia.

Mi madre es muy bella y cariñosa de origen absolutamente campesino, tiene una gran personalidad que es difícil de describir por su generosidad y humildad. Respeta mucho las cosas de Dios. Siempre está de buen genio y nunca se le escuchan discusiones, ni problemas con mi papá, ni con nadie. No le gustaba salir, se dedicaba a los quehaceres de la casa, pero debido a las circunstancias del conflicto, le ha tocado trabajar duro para poder sobrevivir en una ciudad desconocida por ella.

Poco a poco, yo iba creciendo pero todavía era niño y no comprendía el tortuoso camino de la vida de un campesino. No pensaba, ni me preocupaba por los problemas que rondaban en la región. No sabía diferenciar entre el bien y el mal, para mí todo era divertido. Solo me dedicaba a estudiar mi primaria y a jugar bola e’ trapo.

Se escuchaba decir que por ahí andaba “la gente del monte” se trataba de la guerrilla, pero yo no sabía quiénes eran, porque nunca los había visto.

Vivíamos en una pequeña parcela que delimitaba con una hacienda llamada “El Palermo”, propiedad de Diógenes Jiménez, quién era un terrateniente que con la intensión de rodar sus linderos para agrandar sus terrenos, una mañana lluviosa y oscura del mes de abril de 1986, hizo presencia en nuestras casas acompañado de varias policías que venían del municipio de Sucre (Sucre).

Nos detuvieron a todos sin excepción y nos condujeron hasta un viejo corral lleno de barro y excremento de ganado. Ahí nos hicieron acostar a todos, boca abajo con las manos en la nuca y la cara en el barro. Los policías nos apuntaban con sus armas de fuego y nos gritaban muchas palabras soeces, luego fueron llamando uno por uno a los adultos, para propinarle una fuerte golpiza en presencia de todos. Recuerdo que había muchos niños y todos llorábamos al ver como torturaban a  nuestros padres en ese barrizal.

No conforme con eso, procedieron a incendiar cada una de nuestras casas sin dejarnos sacar nada de nuestros enseres, con desilusión y tristeza, veíamos como poco a poco las gigantescas llamas consumían todos nuestros sueños, convirtiéndolos en ruinas.

Después de sufrir este cruel y aberrante trato, comenzaba otra etapa adversa. Me tocó abandonar la escuela donde estudiaba tercero de primaria. Vivimos a la intemperie durante varios meses, sin techo ni nada con que protegernos de aquellos días y noches pasados por sol y lluvias. Esto sin mencionar el hambre que tuvimos que soportar. Algunos amigos nos ayudaban con ropa y algo de comer.

Permanecíamos con zozobra, porque no sabíamos a qué horas podía llegar Diógenes a matarnos como lo expresaba constante y públicamente en forma de amenazas para intimidarnos y hacernos abandonar nuestras parcelas pero tuvimos que soportar, porque no teníamos para donde irnos.

El día lo pasábamos en la casa y cuando comenzaba a asomar la oscuridad de la noche nos desplazamos monte adentro para dormir como animales soportando picaduras de zancudos, de hormigas y de toda clase de insectos. En la oscuridad escuchábamos deslizar las serpientes venenosas por “la hojarasca” muy cerca de donde me encontraba acostado con mis padres y mis cuatro hermanos.

Las circunstancias me enseñaron a ser fuerte, a defenderme y a vivir en cualquier condición y a superar las dificultades para poder salir adelante.

Así estuvimos viviendo durante mucho tiempo, hasta cuando apareció públicamente un grupo de guerrilleros que se identificaron como miembros del Ejército de Liberación Nacional  (ELN). Reunieron a todos los habitantes de la vereda para darnos a conocer los motivos de su presencia y de su lucha revolucionaria. También para pedir el apoyo de la comunidad, y por último dijo una guerrillera, alta, delgada y de pelo largo: “que habían llegado para quedarse, que cualquier cosa que necesitáramos, teníamos que hablar con ellos que eran los iban a tomar el control y a mandar en la zona”.

Ciertamente nuestra región estaba sufriendo el abandono de manera histórica por parte del Estado. No nos visitaba un alcalde, ni siquiera un periodista. Solo le veíamos la cara a un montón de políticos mentirosos cuando se aproximaban las elecciones locales y nacionales. Iban a engañar a nuestra gente con las falsas promesas de siempre, de llevar bienestar a las comunidades  si eran elegidos, pero cuando ya lograban el objetivo de ganarse los votos que necesitaban y subían al poder, se les olvidaba todo aquello que antes habían prometido, siguiendo todo igual, con las mismas necesidades, sin agua potable, sin vías de comunicación, sin alcantarillado, sin apoyo a los campesinos. El abandono era total.

Diógenes no volvió a molestar. Los guerrilleros rondaban casi todos los días por nuestras viviendas  haciendo su trabajo, el de ganarse la confianza de los pobladores, pidiéndoles y haciéndoles favores con el propósito de comprometerlos con su causa ideológica y literalmente quemarlos con las autoridades del Estado, para que fueran perseguidos y que luego no les quedara otra opción que las de ingresar a las filas armadas del grupo ilegal.

Los dirigentes de los grupos de guerrillas, saben muy bien que en las zonas más alejadas y abandonadas del país por parte del Estado es donde encuentran un montón de personas vulnerables, fáciles de convencer para hacer parte de los grupos armados ilegales. Campesinos y trabajadores con muy bajo nivel de escolaridad, sin oportunidades y con un futuro desconocido e incierto.

Yo era uno de esos humildes campesinos que trabajaban sin descanso, preparando la tierra para cultivarla y de eso conseguir el sustento diario para sobrevivir.

Recién cumplí la mayoría de edad, varios de los comandantes guerrilleros, me comenzaron a utilizar, frecuentemente me pedían que les hiciera favores trayéndoles cosas del pueblo y yo no veía ningún problema en colaborarles, porque me habían convencido que estaba realizando una buena obra a favor del pueblo. Me dejé comprometer de tal manera que cuando me di cuenta, los paramilitares me andaban buscando para matarme y las autoridades también preguntaban por mí “porque yo era un guerrillero” decían.

Debido a eso comencé a trabajar como miliciano para que me dieran un arma corta de dotación para defenderme, y dos años después me tocó irme definitivamente para ese grupo guerrillero. No tenía ni la menor idea de qué rol cumpliría allá dentro.

Me habían inculcado que el objetivo único de la lucha armada consistía en derrocar al Estado y tomar el poder para que toda la sociedad viviera mejor, en condiciones sociales, políticas y económicas igualitarias, donde todos disfrutáramos de las mismas oportunidades.

No pensé, no tuve la capacidad de decidir por mí mismo. Simplemente creí todo aquello que me decían  y convencido de eso, tomé esa decisión. No sé si fue por ignorancia o porque tenía razón, lo cierto es que tenía que asumir las consecuencias, porque ya no había marcha atrás, me había convertido en un hombre de guerra.

Me ordenaron participar en la Escuela Básica de Combatientes, donde habíamos cincuenta guerrilleros recién ingresados. Nos enseñaron difíciles entrenamientos militares que consisten en realizar actividades de elevada especialización, capacitación y sacrificios, inclusive de la vida misma. Para objetivos de alto nivel militar, en cualquier tipo de situaciones geográficas o de alto riesgo. Enseñándome técnicas y disciplinas de entrenamiento de fuerzas especiales, conocidas como tácticas de combate o de operatividad militar.

En muy poco tiempo comenzaron a aparecer distintos problemas, fueron mis padres los que sufrieron los perjuicios y consecuencias del rigor de la guerra, porque fueron torturados, desplazados y perseguidos por los paramilitares en 1997.

En el año 2001, mi padre sobrevivió a un atentado ocasionado por dos sicarios quienes le propinaron siete impactos de bala, en varias partes de su cuerpo, cuando se encontraba almorzando en la sala de la casa donde vivía como inquilino en la ciudad de Barranquilla.

Me enteré de lo que había sucedido con mi papá y que dos de los autores materiales eran vecinos conocidos, fueron mis amigos de infancia y de escuela. Nos criamos juntos en la misma vereda. El tercero de los implicados fue quién elaboró el plan, él es un desertor de la guerrilla que pasó a ser paramilitar, se trata del mismo que antes me había involucrado y comprometido para vincularme con la guerrilla, el mismo que torturó y desplazó a mis familiares.

Eso me hizo sentir muy ofendido y con ganas de venganza. Quise hacer algo para desquitarme, pero el reglamento de la organización y mis superiores no me lo permitieron. Pasaron varios años y se me fue pasando la rabia, desistí de ese plan y no pasó nada. Creo que fue lo mejor.

En el año 1996 la comandancia del Frente Alfredo Gómez Quiñones del ELN, a la cual pertenecía, decidieron crear una disidencia y fundar una nueva organización guerrillera denominada Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que se extinguió por completo en el mes de mayo del año 2007.

Catorce años después de estar transitando por el camino de la guerra, hice un alto definitivo. Dije no más métodos ni acciones que causen daño y dolor a personas inocentes e indefensas de nuestro país. Tomé la decisión de abandonar la lucha en armas. Las razones sociales, políticas, económicas y culturales siguen vigentes, pero no hay razones que justifiquen perpetuar una guerra que ha generado tanto derramamiento de sangre y ha dejado más de siete millones de víctimas que han sufrido directamente las atrocidades de un conflicto que debe terminar ya.

¡No más víctimas! ¡No más guerra ideológica!, es hora de que todos los colombianos aportemos un granito de arena para la construcción de una paz justa, estable y duradera.

Hoy pienso diferente, anhelo tener la oportunidad de poder encontrarme personalmente con Diógenes y los policías que nos maltrataron y destruyeron todos nuestros sueños cuando yo era niño, con aquellos paramilitares que torturaron, desplazaron y persiguieron a mi familia, con aquellos que planearon y ejecutaron el atentado contra la vida de mi padre. No para cobrar venganza, ni para reclamarles por lo que hicieron, quiero encontrarme con ellos para estrecharles su mano, saludarlos y decirle a cada uno que los perdono de todo corazón. Admitan o no que cometieron un error.

De igual manera, pido perdón a todas aquellas personas que son víctimas porque les cause daño y dolor irreparable. Sé que no es fácil perdonar, sobre todo aquellas personas que sufrieron directamente los perjuicios de mis acciones violentas y que les ha quedado un daño físico, moral y psicológico irremediable que vivirá para siempre en sus mentes y corazones.

Acepto la responsabilidad de mis errores cometidos durante mi pertenencia al grupo armado ilegal.

Nunca más haré uso de armas, ni de violencia contra alguna persona.

Hoy me encuentro privado la libertad en una cárcel de alta seguridad, pagando por haber infringido las leyes de nuestro país. Ha sido otra experiencia muy compleja; es difícil convivir con una multitud de personas que piensan y se comportan de una manera diferente.

He aprendido a tener paciencia, a pensar antes de actuar, a encontrar solución a cada problema, a valorarme y a valorar a mis familiares. He subido mi nivel de escolaridad y día a día hago esfuerzos por superarme y ser mejor persona.

Anhelo recobrar mi libertad absoluta con prontitud para enfrentarme a la nueva vida, sacar adelante todos mis proyectos como ciudadano de bien, reencontrarme con todos mis seres queridos; en especial con mis hijos que los amo con todo mi corazón, ellos son la luz de mis días. Tengo presente que ellos me necesitan libre, son muy importantes para mí y daré todo lo que esté a mi alcance para sacarlos adelante.

Frases para la paz.

“La PAZ siempre es el fin de todo conflicto, es un alivio, una luz, para todos los que lo hemos vivido, soportado, luchado”.

“La PAZ nace y se hace en cada uno de nosotros. Depende de cada uno, construir un nuevo país en paz”.

“La PAZ nace y se construye en cada corazón agobiado, maltratado por el transitar de una guerra en la que perdimos mucho y perdimos todos. Hoy, nuestro único ideal es vivir en paz y dejar a las próximas generaciones una sociedad en paz”

Diana Yanneth Rivera Quintero/Reclusión de Mujeres de Bogotá- Establecimiento de Reclusión Especial.

 

*Los escritos publicados fueron desarrollados por internos postulados a la Ley de Justicia y Paz y no representan la posición institucional.*