Podcast: Leer y escribir en la cárcel.

Junto a José Zuleta y Febe Lucía Ruíz hicimos un recorrido por las experiencias de los internos en el programa ‘Libertad bajo palabra’ en once establecimientos penitenciarios.

José Zuleta es escritor, poeta y el creador de este programa que nació en la ciudad de Cali.

Febe Lucia Ruíz es la coordinadora del Grupo de cultura, deporte y recreación del INPEC.

“En las cárceles la escritura vuelve a ser lo que es la escritura de literatura: una necesidad, una vía para tratar de comprender, de salvarse”: José Zuleta

Hablamos con el escritor José Zuleta Ortiz, fundador y coordinador del programa ‘Libertad bajo palabra’ en diferentes centros penitenciaros del país. Desde el 2007, Zuleta ha trabajado con personas privadas de la libertad con el fin de acercarlos a la literatura y a la escritura en un espacio de reflexión y sanación alrededor de las historias.

¿Cómo nació el programa ‘Libertad bajo palabra’?

Libertad Bajo Palabra nació en Cali en el año 2007  y como parte del VII Festival Internacional de Poesía de Cali, en el cual se realizaron dos talleres de escritura creativa en los centros de reclusión. El Buen Pastor y la cárcel de hombres de Cali. Allí con la colaboración de la sicóloga de la prisión Sandra Lizarazo realizamos los primeros dos talleres que fueron la semilla de este programa.

¿Cuál es el principal objetivo de este programa?

Que las personas privadas de libertad, sin que importe su condición, (sindicados o condenados) ni su nivel educativo, encuentren en la escritura y la lectura herramientas para pensarse y confrontarse. Consideramos que ello es esencial para fundar un proyecto de trasformación en sus vidas.  Libertad bajo palabra se define como un espacio para disfrutar el placer y el conocimiento de la literatura. Un lugar privilegiado para la formación, producción y circulación de textos literarios. Además de promover la reflexión, la lectura, la interpretación y la investigación literaria sobre las obras producidas en los talleres.

Hace once años inició este programa que ha permitido que personas privadas de la libertad puedan acerarse a los libros y a la escritura. ¿Cuáles han sido los resultados durante estos diez años? ¿Qué se puede resaltar del trabajo que ha hecho el Ministerio de Cultura y el INPEC durante este tiempo?

Durante 10 años (2007 -2017) hemos realizado 143 talleres en 31 centros penitenciarios de Colombia. Y en ellos han participado cerca 3. 750 reclusas y reclusos.  Hemos publicado diez libros con los materiales logrados (uno por cada ciclo anual de talleres), que son antologías en que las reunimos los mejores textos logrados bajo el nombre de Fugas de tinta. Durante esta década dotamos con la colaboración de la Biblioteca Nacional 12 bibliotecas  en los centros de reclusión en los que se realiza el programa; y gestionamos con donantes privados dotaciones de libros para otras 17. Creamos una metodología de trabajo y unas guías para los directores taller, además realizamos un convenio de cofinanciación con el Instituto Penitenciario y Carcelario INPEC.

¿Cuál es la importancia de desarrollar y mantener programas como estos en Colombia? 

Este programa permite a mujeres y hombres que han perdido su libertad escribir. Buscamos que al querer contar se conviertan en lectores. Ocurre con  frecuencia en nuestros talleres, que personas que nunca habían leído un libro terminan siendo lectores movidos por la curiosidad de saber cómo se cuenta una historia. El deseo de saber cómo lo hacen otros, lo aprovechamos para sugerir lecturas y para acompañar cada proyecto personal de escritura con una bibliografía que les dé luces sobre cómo pueden lograrlo.

¿Por qué la lectura y la escritura se convierten, para los reclusos, en una terapia para sanar el alma?

Luego de leer lo que escriben y de conversar con muchos prisioneros de las cárceles colombianas, observamos dos situaciones humanas que se repiten en sus historias y que facilitan la inclusión de los niños y los jóvenes en el mundo de la ilegalidad. Ellas son, una familia rota o inexistente, y/o, una educación que expulsa, con su rigidez y su anacronismo, a los niños y a los jóvenes a la nada, pues no hay otras opciones de formación. Escribir sus historias compartirlas y leer literatura les permite tomar distancia de su propia historia y les ayuda a aceptarla y a superarla.

¿Cómo son los talleres y procesos de escritura con los internos?

Los docentes adscritos al programa Libertad Bajo Palabra son capaces de manejar diferentes enfoques y metodologías con el propósito de motivar a la heterogénea población carcelaria a construir textos y compartirlos, estos son  algunos elementos comunes que se trabajan en los talleres:

  • Fundamentación en creación literaria, lecturas guiadas, lecturas en voz alta.
  • Ejercicios de sensibilización, ejercicios como escribir cartas, sueños y recuerdos.

La población de internos sugerida para cada taller es de 30 cupos para cada uno de los establecimientos.  Los talleres se desarrollan en (14) sesiones de (3) horas cada una. Se recomienda una sesión por semana. Y se realiza un trabajo adicional para la revisión de trabajos, corrección de textos y transcripción de los que son postulados para de ser publicados.

Algunos de los contenidos son Taller de crónica. Leer y escribir: vivir para contar; Biografía y autobiografía (ejercicio: el escritor como cronista de su vida); lectura en voz alta de poemas “cautivos”; lectura de memorias y testimonios; escritura de correspondenciaen la cárcel; distintas formas de narrar; poética de la narración. (¿Qué es una metáfora?)

Algunos autores se leen son: Liliana Etayo (Fugas de tinta 3), Cervantes, Jean Genet, Francois Villon, Nazim Hikmet, Ósip Mandestam, Álvaro Mutis, César Vallejo, Cesare Pavese, Miguel Hernández, Gonzalo Arango, Oscar Wilde, María Zambrano, Dulce María Loynaz, José Libardo Porras, entre otros.

¿Por qué estos textos son tan valiosos?

Sí hay algo poderoso en estos escritores y es que, a diferencia de muchos otros formados en la academia, tienen mucho que contar. En la mayoría de los casos son sus vidas el tema; vidas vividas al límite; o que en un instante cambiaron de rumbo de manera dramática. Relatos que muestran la iniquidad y la marginalidad, las violencias que nos habitan y a las que nos exponemos. Historias que son un complejo mapa de lo que es nuestra sociedad y la condición humana. Curiosamente en las caréceles el escritor no posa de escritor, no busca redención ni notoriedad, tampoco beneficio. No pretende publicidad. La mayoría no desean ser publicados, acceden a regañadientes a la publicación, o firman con seudónimo. En las cárceles la escritura vuelve a ser lo que es la escritura de literatura: una necesidad, una vía para tratar de comprender, de salvarse.

¿Qué emociones se pueden encontrar detrás de las palabras escritas por los participantes de ‘Libertad bajo palabra’?

En una de las presentaciones de Fugas de Tinta comenté: estos textos son un documento valiosísimo sobre Colombia y deberían ser leídos por quienes se interesan por los problemas sociales de nuestro país; agregaría: por los que se interesen por su salud mental y por su tragedia ética. El programa Libertad Bajo Palabra nos ha permitido dar la palabra como herramienta a quiénes no la tenían. Muchas de las conductas humanas son respuesta, reacción a hechos trágicos, a injusticias de todo tipo, a miedos insoportables. Propusimos la palabra a cambio del acto. Poder expresar la rabia con palabras y no con actos. Poder encontrar que la palabra revela la propia historia y al revelarla nos permite comprenderla.

¿Qué podemos encontrar el Fugas de Tinta 10?

Un retrato del país invisible que no queremos mirar.

Por: Katerine Amortegui

Inicia Libertad Bajo Palabra 2018

El programa ‘Libertad Bajo Palabra’, dirigido por el escritor José Zuleta Ortiz, con 11 años funcionando en diferentes centros penitenciarios del país, inicia un nuevo capítulo en 2018 con el apoyo de Fundalectura en 11 establecimientos penitenciarios a nivel nacional de los 21 en donde se realiza.

Durante los meses de marzo y abril iniciaron los talleres en las ciudades de Bogotá, Ibagué, Cómbita, Apartadó, Florencia, Palmira, Villavicencio y Buenaventura, cabe destacar la numerosa asistencia al taller de RM Bogotá (Cárcel del Buen Pastor) en donde se dieron cita en la primera reunión más de 60 internas.

Los talleres inician con la reserva propia de aquellos internos que no conocen muy bien el programa pero que poco a poco entienden la importancia de narrar sus propias vivencias. Uno de los primeros ejercicios consiste en contar el “día de la captura” con esta narración breve la mayoría de los internos rompe el hielo y comprende la metodología y los alcances de sus historias.

Este año, de los once talleres operados por Fundalectura, se espera recoger un total 55 textos editados para ser presentados al libro Fugas de tinta 11. El proceso promete estar lleno de gratas sorpresas y muchas historias sorprendentes para compartir.

Por: Víctor Mejía.

Cárceles: fuente de historias

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Gabriel García Márquez

Escribir es pensarnos y remontarnos a nuestras experiencias, a los momentos de caos y felicidad que marcaron nuestra vida. La palabra es una herramienta para confrontarnos y por medio de ella  podemos expresar nuestros sentimientos e ideas. La escritura es terapéutica, es una forma de reparar y repararnos.

Escribir también nos permite imaginar nuevos mundos y viajar por el lenguaje para encontrar historias ajenas a la nuestra; porque en este mundo hay millones de vidas e historias que valen la pena ser contadas y leídas.

Pero para empezar a escribir primero debemos abrir un libro, ya que sólo a través de este medio podemos conocer la variedad de estructuras narrativas, los espacios, los tiempos y los personajes de los relatos.

Por esta razón, el programa Libertad Bajo Palabra pretende acercar la oralidad y la escritura a los internos de once establecimientos carcelarios del país. Esta es una apuesta del INPEC y de Fundalectura para generar nuevas experiencias por medio de la literatura, el autoconocimiento y testimonios de vida.

Los talleres, que están a cargo de docentes con amplia experiencia en desarrollo de programas con población privada de la libertad, se realizarán durante 14 sesiones de tres horas cada una. Al final de estos talleres se editará el libro Fugas de tinta 11, que compila algunos de los textos hechos durante el ejercicio de escritura.